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¿Policía democrática ?
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1. Introducción al pensamiento estratégico
2.Principios militares de la aplicación empresarial
3.Psicología y negociación para estrategas
4.Teoría de la Negociación del conflicto
5.Táctica TN y táctica TC
6.Tipo de adversario
7.Modelo de los nueve terrenos de Sun Tzu
8.Factores del conflicto I
9.Factores del conflicto II
 
 

 

Puede afirmarse que las democracias no están consolidadas hasta que los cuerpos de seguridad del estado han interiorizado el espíritu de servicio a la sociedad civil. Es decir, no hay democracia en un país mientras la policía no sea democrática.

En algunos lugares existe una tradición de cuerpos de seguridad represivos y al servicio de oligarquías. Sorprendentemente, pero, en otros descubrimos cuerpos policiales constituidos con voluntad abierta hacia la sociedad pero carentes del apoyo político necesario. Es decir, hay gobiernos a los que asusta una policía independiente y, mientras manden ellos, prefieren una policía sumisa.
Pensando en estos países, en los que algunos profesionales intentan construir un nuevo concepto de fuerzas de seguridad del estado (creo que, de entrada, quizá sería mejor cambiar este nombre, porque incluso da un poco de miedo) Guillem escribió una breve novela, en la cual reflexionaba sobre la sociedad, la corrupción, la política y la voluntad de unos idealistas de uniforme de cambiar el mundo.

El libro se editó en catalán y en breve publicaremos en esta web, en formato PDF, la versión castellana. Els millors dels nostres fills se ha traducido por Nuestros mejores hijos pero, en rigor, sería Los mejores de entre nuestros hijos. La idea con que se abre el libro es la obsesiva fijación de la sociedad en elegir a los intachables, los jóvenes más entregados, con el paradójico devenir que les espera: la misma sociedad será la que los corrompa.

El libro no es en absoluto fatalista, sino optimista. La idea del título es la amenaza que se cierne sobre estos policías que pretenden ser democráticos. También tiene anécdotas divertidas, la crítica ha escrito:

“Los datos que el autor aporta sobre la Escuela de Policía de Cataluña suelen ser precisos e ilustradores: desde la anécdota, casi inicial, sobre cómo liquidar dos vacas moribundas que colapsan el Cinturón Litoral, hasta las experiencias de la Sala de Tiro (“en la Sala de Tiro no se enseña a los futuros policías a disparar: se les enseña a convivir con un arma”), la psicología de los cabos fantasiosos, de una educadora social como Marlés, el desfile de aspirantes psicópatas, de policías melancólicos, intuitivos, tranquilos, con mano izquierda; las susceptibilidades y malentendidos cuando un títol desafortunado de un programa puede aludir al racismo de la policía... o aforismos geniales, como la constatación de que puede causar más daño la prevención que el delito cometido, o la afirmación salomónica de un sargento: “un muerto no es un muerto hasta que no lo dice un sargento”.

En el libro, hablando del trabajo de los policías, hay momentos muy tiernos, como cuando se nos cuenta hasta qué punto las víctimas de la prostitución infantil se enganchan al policía que les ayudó. Y sentencias de una sabiduría envidiable: “a los grandes delincuentes, evidentemente, no sólo no los atrapamos, ni tan sólo los reconocemos, aún cuando cenemos con ellos o los veamos en televisión”.

 

 

 
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La guerra en Colombia no es porque haya pobreza, sino porque hay riqueza

Héctor Mondragon

 
 
         
         
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